15 julio 2012
ALTA IMPROBABILIDAD
El niño miraba maravillado los dos extraños objetos que resplandecían en sus manos. Dos tablillas translúcidas del tamaño de cuadernos, con símbolos fosforescentes de un tono rosado semejantes a la escritura, invitaban a que las recorriera con los dedos. No bien hubo sucumbido al irresistible impulso una pantalla apareció en una de ellas, la imagen de las hermosas facciones del sorprendido y legítimo dueño, que rápidamente se deformaron por la furia.
¡Oh, Uh! El pequeño ,asustado, abandonó el descampado donde su nuevo tesoro había sido encontrado. Mientras corría, el otro extraño artefacto empezó a transmitir una chirriante cantinela, intentando contactar con otros de su clase para comunicarlos la nueva información obtenida, pero eso no detuvo al niño. Esas chispeantes tablillas eran ahora suyas y nadie se las podría arrebatar.
El hombre miraba furibundo a su muñeca, viendo como su oportunidad de gloria y poder se desvanecía trasportada por esas pequeñas e ignorantes manos. No creyó que ningún ser se atreviera a deambular por ese peligroso solar lleno de trampas naturales a causa del abandono, y le había parecido que sería más seguro dejar allí escondidas las máquinas de comunicación que llevarlas encima y exponerse a que le capturaran y desentrañaran el código que facilitaría la invasión. Había cometido un gran error y le costaría caro aunque recuperase los comlog inmediatamente. No quería ni imaginarse que sucedería si ese niño lo activaba por accidente, o, peor aún, los rompía.
Maldiciendo en silencio abandonó el lujoso apartamento y se dedicó con intensa concentración a captar las señales de localización que deberían de estar emitiendo.
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