Parte 2
Un niño de unos diez años, muy moreno, casi podría decirse que torturado por el sol, con ropas holgadas, se encontraba en una gran casa, una especie de cabaña, pero bien construida. Sus vecinos hacía tiempo que emigraron a la ciudad, sus padres habían muerto. El niño estaba solo en aquella granja, pero, ¿qué más podía hacer?, si hubiera adultos que le ayudaran a trabajar bien la huerta, que arreglaran las cosas para las que él no tenía ni fuerzas ni conocimiento, pero no quedaba nadie.
Tal como estaban las cosas podía considerarse afortunado, vacas que le daban leche, gallinas que le daban huevos y aún había paquetes de harina, arroz y legumbres que mezclados con las pocas verduras que crecían solas en la huerta sin necesitar más que un riego ocasional, le daban, si no bastante para quitarle el hambre, si bastante para sobrevivir sin enfermar.
Sabía que no moriría de estarvación. Eso si, no podía evitar que la soledad se sintiera como la presencia más poderosa de la casa y se afanaba en cualquier tarea como si por distraerse fuera a ahuyentarla.
Lentamente la visión se desvaneció, la familia permaneció quieta y en silencio lo que parecieron horas, y , al fin, el hombre habló.
- Cariño, creo que ésta es la visión que hemos estado esperando. - La mujer le miró con sorpresa, ya habían visto muchas visiones de gente con problemas y ellos no eran excepción, no veía la diferencia esta vez. - No es sólo porque este niño esté sólo y necesitado, – continuó el joven – creo que en esa granja podemos ser felices.
- Pero como vamos a irnos de aquí, renunciar a...- protestó la mujer.
- Piénsalo, estamos siempre aquí dentro, casi sin poder salir a la calle, siento la presión, la mirada de los vecinos fija en nosotros, cerrándose cada vez más, con tanta fuerza que a veces me parece que pueden vernos a través de las paredes. Se que tú también sientes que estás atrapada, que las paredes te acorralan y te asfixian y que temes por nuestra hija tanto como yo. Sabes que no crecerá rodeada de amigos y que cargará con el peso de nuestros errores. Todo eso puede cambiar, vayamos a donde está ese niño, conozcámosle y vivamos con él – su voz se tornó más persuasiva y melodiosa – sabes que mi enfermedad no tiene cura y estoy seguro de que no necesitaré tantos cuidados teniendo otras preocupaciones que me distraigan, Emy crecerá con un hermano, con un amigo, en contacto con la vida, el sol, la lluvia, las plantas, los animales y no aquí encerrada viendo como me debilito poco a poco, sin escapatoria. Tú y yo seremos más libres, más despreocupados también y lo sabes. - Sus ojos la miraron bruscamente para cortar su réplica. - Se que tienes miedo de perder la ayuda del gobierno, pero eso no puede pasar. Miedo de no adaptarte, pero antes de negarlo mira a tu alrededor, si seguimos aquí no sólo moriré yo lentamente, vuestros espíritus morirán también conmigo. La única solución que se me ocurre es ir, para salvar a este niño y a nuestra hija de la soledad, para encontrar nuestro propio feliz ´sweet home`.
Se hizo el silencio otra vez, pera ahora no pareció durar horas, no era un silencio vacío de esperanza. Todos parecían estar escuchando el eco que sus últimas palabras producían en sus corazones.
Por primera vez desde que había sabido de la enfermedad de su marido, ella sonrió.
- Sí, puedo verlo, pedo ver a Emy felizmente corriendo con ese niño, jugando con las gallinas bajo el sol, y la lluvia. Puedo vernos sentados en la terraza, cenando, viendo el atardecer. Sí, vamos, vámonos ya, quiero estar ahí lo antes posible, que ese niño sea nuestro hijo antes que la soledad lo devore, antes de que la enfermedad te separe de nosotros.
Él se levantó, la niña en brazos, durmiendo con un poco de saliva en la comisura de su boquita, se acercó aún más a su mujer y la abrazó, con tanta fuerza y tanta delicadeza a la vez como le era posible, sabiéndose sin palabras para expresar la felicidad que sentía de volver a ver su sonrisa, de recuperar su belleza y, en sus húmedos ojos ya no había tristeza, y pudo ver que en los de ella ya no había dolor, pero la preocupación aún estaba presente, supo que siempre estaría, pero no importaba porque nacía del amor y ahora tenían la esperanza de una vida mejor y más feliz.
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